¿Todos somos iguales o diferentes?
Laura Ocaña, maestra de Primaria en un centro de la Comunidad de Madrid, el año pasado dio una ponencia en la clase de adaptaciones curriculares (especialidad de Pedagogía Terapéutica). Nos propuso mirar a la educación especial desde un punto crítico y reflexivo.
Su intervención hizo replantearse si sacar a alumnos fuera de las aulas ordinarias es o no foco de desigualdad educativa.
Si a un alumno con ciertas necesidades educativas especiales lo sacas fuera de su entorno normalizador de la clase, donde hay compañeros muy diversos, y lo llevas a un aula o colegio especializado, en el fondo lo estas adaptando a convivir entre personas con características que se catalogan de "iguales", aunque en el fondo nadie es igual que nadie en el tema de educación. La diversidad existe, y hay que afrontarla desde el punto de vista correcto para que no se convierta en un problema.

Ocaña lo que argumentaba es que la sociedad es muy diversa, y suele ocurrir que cuando estos alumnos quieren incorporarse a ella, no son capaces de hacerlo y les surgen problemas de convivencia, e incluso psicológicos, pues se sienten solos, raros o en desventaja.
También es cierto que hay especialistas que defienden este tipo de aulas y colegios pues consideran que es la única forma de especializarse en el proceso de enseñanza-aprendizaje de un tipo de alumnado.
Este conflicto de posturas no es tema baladí, pues supone romper las incoherencias que en los colegios se dan al hablar de inclusión educativa en relación a alumnos que están siendo integrados en un colegio pero no en un grupo.
El problema está en que creemos que sólo enseñamos los maestros, y no es así. Sus compañeros, los debates, las actividades en grupo enseñan a nuestros alumnos a cómo en un futuro van atener que tratar e incluso trabajar con personas similares o totalmente distintos a ellos. Por esto motivo justifico que la INCLUSIÓN es un buen mecanismo para crear una educación verdaderamente equitativa, aunque esto no quite que se necesiten de ciertas aulas y colegios donde trabajar de manera más individualizada con un grupo de alumnos un tiempo determinado.
INCLUSIÓN es un término cada vez más extendido pero poco ejecutado. Por ello, propongo que nuestro trabajo con los alumnos se haga desde el trabajo individualizado, y se le de a cada alumno lo que necesite (equidad) para poder permanecer dentro del aula lo máximo posible.
Se es consciente de que es muy complicado individualizar en un aula de 25 alumnos, pero si se trabaja y organizan las clases previamente es más fácil llegar a la equidad dentro de un mismo aula. Las PT y AL pueden acudir a clase a ayudar a la tutora con las adaptaciones individuales de manera que su horario queda partido en diferentes clases. ¿Cuál es el problema de esto? Pues sencillamente que una especialista tiene tres horas para dar clase en un aula especializada con cinco alumnos, pero esas tres horas no son suficientes para ir a siete clases distintas. Esto hace replantearse si el sistema educativo y la organización escolar en su término legal no es en sí misma una fuente de desigualdad educativa.
El uso del término equidad trae consigo un principio ético o de justicia en la igualdad. La equidad obliga a las personas a plantearse los objetivos que se deben conseguir para avanzar hacia una sociedad más justa. Equidad es dar a cada uno lo que necesita,mientras igualdad es dar a todos lo mismo. Una sociedad que aplique la igualdad de manera absoluta será una sociedad injusta, ya que no tiene en cuenta las diferencias existentes entre personas y grupos. Y, al mismo tiempo, una sociedad no es justa cuando las personas no se reconocen como iguales. En palabras de la filósofa madrileña Amelia Valcárcel (2010) “la igualdad es ética y la equidad es política” (p. 98). Por ello, el sistema educativo debería plantearse su grado de comprensividad en función de la clase de población que presenten, y que actualmente está cambiado a una mayor diversidad de necesidades. y por ello no se deben ir seccionando las aulas y clasificando a los alumnos por sus supuestas capacidades, ya que así les estamos provocando de mucho aprendizaje.
Su intervención hizo replantearse si sacar a alumnos fuera de las aulas ordinarias es o no foco de desigualdad educativa.
Si a un alumno con ciertas necesidades educativas especiales lo sacas fuera de su entorno normalizador de la clase, donde hay compañeros muy diversos, y lo llevas a un aula o colegio especializado, en el fondo lo estas adaptando a convivir entre personas con características que se catalogan de "iguales", aunque en el fondo nadie es igual que nadie en el tema de educación. La diversidad existe, y hay que afrontarla desde el punto de vista correcto para que no se convierta en un problema.
Ocaña lo que argumentaba es que la sociedad es muy diversa, y suele ocurrir que cuando estos alumnos quieren incorporarse a ella, no son capaces de hacerlo y les surgen problemas de convivencia, e incluso psicológicos, pues se sienten solos, raros o en desventaja.
También es cierto que hay especialistas que defienden este tipo de aulas y colegios pues consideran que es la única forma de especializarse en el proceso de enseñanza-aprendizaje de un tipo de alumnado.
Este conflicto de posturas no es tema baladí, pues supone romper las incoherencias que en los colegios se dan al hablar de inclusión educativa en relación a alumnos que están siendo integrados en un colegio pero no en un grupo.
El problema está en que creemos que sólo enseñamos los maestros, y no es así. Sus compañeros, los debates, las actividades en grupo enseñan a nuestros alumnos a cómo en un futuro van atener que tratar e incluso trabajar con personas similares o totalmente distintos a ellos. Por esto motivo justifico que la INCLUSIÓN es un buen mecanismo para crear una educación verdaderamente equitativa, aunque esto no quite que se necesiten de ciertas aulas y colegios donde trabajar de manera más individualizada con un grupo de alumnos un tiempo determinado.
INCLUSIÓN es un término cada vez más extendido pero poco ejecutado. Por ello, propongo que nuestro trabajo con los alumnos se haga desde el trabajo individualizado, y se le de a cada alumno lo que necesite (equidad) para poder permanecer dentro del aula lo máximo posible.
Se es consciente de que es muy complicado individualizar en un aula de 25 alumnos, pero si se trabaja y organizan las clases previamente es más fácil llegar a la equidad dentro de un mismo aula. Las PT y AL pueden acudir a clase a ayudar a la tutora con las adaptaciones individuales de manera que su horario queda partido en diferentes clases. ¿Cuál es el problema de esto? Pues sencillamente que una especialista tiene tres horas para dar clase en un aula especializada con cinco alumnos, pero esas tres horas no son suficientes para ir a siete clases distintas. Esto hace replantearse si el sistema educativo y la organización escolar en su término legal no es en sí misma una fuente de desigualdad educativa.
El uso del término equidad trae consigo un principio ético o de justicia en la igualdad. La equidad obliga a las personas a plantearse los objetivos que se deben conseguir para avanzar hacia una sociedad más justa. Equidad es dar a cada uno lo que necesita,mientras igualdad es dar a todos lo mismo. Una sociedad que aplique la igualdad de manera absoluta será una sociedad injusta, ya que no tiene en cuenta las diferencias existentes entre personas y grupos. Y, al mismo tiempo, una sociedad no es justa cuando las personas no se reconocen como iguales. En palabras de la filósofa madrileña Amelia Valcárcel (2010) “la igualdad es ética y la equidad es política” (p. 98). Por ello, el sistema educativo debería plantearse su grado de comprensividad en función de la clase de población que presenten, y que actualmente está cambiado a una mayor diversidad de necesidades. y por ello no se deben ir seccionando las aulas y clasificando a los alumnos por sus supuestas capacidades, ya que así les estamos provocando de mucho aprendizaje.
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