Sistemas alternativos a la evaluación
Pasan los años y la imagen se repite: mesas separadas, últimos vistazos a los apuntes, silencio, nervios, angustia...
Es increíble la cantidad de emociones que puede llegar a despertar un examen, desde niños pequeños que están realizando su primer control, hasta adultos enfrentándose a unas duras oposiciones. Estas consecuencias negativas se trasladan con uno mismo durante toda la vida, sin embargo, se sigue manteniendo y aceptando socialmente que “superarlos nos hacen más fuertes”.
Hay quienes mantienen que enfrentarse a una prueba de este tipo prepara para “la vida adulta”, sin embargo, ¿cuántos son los que no han pasado durante la vida adulta por situaciones similares? (salvo algún concurso o experiencia similar para acceder a un puesto). Pero parece que debemos entrenar durante toda la infancia y la juventud sólo para atravesar ese crítico momento que, igual ni se nos presenta. ¿No es un poco absurdo?
Cuando se habla de este tema, olvidamos que la evaluación forma parte del proceso de aprendizaje. Sin embargo, evaluar no significa hacer exámenes.
Si preguntamos a personas adultas, o incluso jóvenes, qué sentimientos les produce la palabra “examen”, nos vamos a encontrar con algunas del tipo: "dolor", "sufrimiento", "tristeza"... ¿Realmente queremos que estas respuestas se sigan dando? Y si no queremos que se den, ¿por qué no cambiamos la forma de evaluar?
Para llevar a cabo este cambio, debemos comenzar formulándonos preguntas como: ¿para qué evaluar? Es aquí donde surge el problema. Mientras sigamos pensando que evaluamos para calificar, nunca va a haber un cambio en la educación.
La finalidad de la evaluación no debería ser otra más que la mejora del proceso de enseñanza-aprendizaje. A través de ella podemos comprobar qué conocimientos ha adquirido el alumno, pero también qué debemos reforzar en nuestras clases para un mayor desarrollo de su conocimiento o incluso qué conocimientos nos han aportado ellos como alumnos.
Y, ¿qué hacemos después de “corregir”? Siempre hay algo positivo que decir a los estudiantes cuando se les da un feedback sobre el ejercicio corregido (bien sea escrito, como un trabajo de investigación, o ya sea una actuación práctica desarrollada en el aula). No se puede estar siempre señalando lo malo y haciendo sentir al alumno que nunca es suficiente para llegar a ser una determinada profesión o tipo de persona.
El “después de la evaluación” es tanto o más importante que el momento en que se aplica, es el momento para ayudar, orientar y dar las pautas para mejorar, pero sobre todo es el momento donde puedo decir a cada uno de mis alumnos: “confío en tu capacidad de resolverlo, sólo demos tiempo, “¿en qué puedo ayudarte?”. Al fin y al cabo, en eso consiste ser maestro o profesor.
Y, entonces, ¿qué otros sistemas existen para evaluar a los alumnos?
Dependiendo del curso escolar ante el que nos encontremos, así como de la materia a evaluar, pueden realizarse diferentes actividades como: proyectos, prácticas reales, investigaciones, experimentos, ejecución de contextos de simulación, diseño de una práctica, presentaciones, debates, mapas conceptuales, blogs... Hay una infinidad de recursos que dejen de lado las hojas y lápices.
Y los maestros, ¿cómo deben evaluar esta actividades? Debemos dejar atrás el corregir en rojo señalando únicamente todo aquello que el alumno ha completado de forma erronea, y por si fuera poco, eliminar el número que encabeza el examen que, además de estar en rojo, dejamos buena constancia de él rodeándolo. Esto debe intercambiarse por otros tipos de evaluación, como mediante rúbricas, autoevaluaciones, coevaluaciones...
Aquí os dejo una serie de enlaces con diversos recursos que "quiten el puesto" a los exámenes tradicionales:
Además, comparto con vosotros este capítulo que trata en profundidad el tema tratado en esta entrada: http://publicaciones.inee.edu.mx/buscadorPub/P1/D/410/P1D410_06E06.pdf
Y tú, ¿qué método utilizas para evaluar a tus alumnos?
Ainhoa Vázquez

Joe Ainhoa, cómo dramatizas, y con razón. Parece que a veces es necesario impactar con una pregunta apelativa sin respuesta que deje boquiabierto al lector. Qué rabia me da que los maestros se olviden que tratan con niños y no con máquinas. Un gesto de ánimo, un redondeo en aquello que tras días de práctica por fin se consigue... Ojalá algún día no haya ni un solo niño en las aulas que la emoción que relacione con los exámenes sea negativa. Me apunto los enlaces. Desde luego, esta entrada es para entregarla con el título de maestro el año que viene.
ResponderEliminarCompletamente de acuerdo. Es una pena que nosotros los adultos seamos un simple número dentro de la universidad, pero más pena me da que lo sea un niño cuando lo único que está haciendo es aprender a vivir. Es duro que los niños aprendan bajo tensión, ya que si no consiguen aprobar igual cuando lleguen a casa les castigan sin poder jugar (algo que no puede dejar de hacer un niño nunca) o les pegan por no haber cumplido con sus obligaciones.
ResponderEliminarConozco un duro caso de un niño que conocí el año pasado cuando hacía prácticas, le causaba temor el suspender, el fallar.. Un día suspendió un examen y se puso a llorar desconsoladamente como si no hubiera mañana. La maestra y yo le preguntamos que por qué se ponía así, que solo era un control y que seguro que para la próxima vez lo hacía muy bien. El niño nos contó que cuando llegara a casa su padre le pegaría con el palo de pegar. Recordándolo ahora mientras escribo todavía se me ponen los pelos de punta.
Me alegro que estéis de acuerdo conmigo chicas, ahora sólo falta aplicarlo en nuestras futuras clases ☺
ResponderEliminar