Niños buenos y niños malos
Cuando se habla de la distinción entre un niño bueno y uno malo, la primera característica que viene a la mente es la obediencia. Se considera que un niño es bueno cuando es obediente, y es obediente cuando es un niño bueno.
Todas las familias y maestros quieren que sus hijos y/o alumnos obedezcan. Sin embargo, ¿qué tipo de obediencia se les impone? Una obediencia ciega, donde se les impone que tienen que hacer algo, porque yo, como figura de autoridad lo digo.
(En un aula)
Siéntate. Hasta que suene la sirena del recreo no te levantes.
Cállate, estoy explicando.
Siéntate. Hasta que suene la sirena del recreo no te levantes.
Cállate, estoy explicando.
(En casa)
Hasta que no te comas todas las judías verdes no te levantas de la mesa.
Pero, tal y como dice Alberto Soler, psicólogo clínico y educativo, “la obediencia ciega no tiene que ser un objetivo en la educación”. Por ello, debemos saber dar respuesta a los niños desde edades muy tempranas, más que buscando la obediencia, fomentando el pensamiento crítico. Esto permitirá que, en etapas más avanzadas como la adolescencia, sean capaces de detectar las injusticias, no sumarse a un trato injusto con un compañero, parar los pies de alguien que quiere abusar de ellos...
Por tanto, tenemos que hacer que aquellas cosas que de verdad son importantes, que son esenciales para su seguridad, salud o para el respeto hacia otras personas, destaque por encima del resto, porque “Si todo es importante, todo pierde la importancia”.
Actualmente, son muchos los niños considerados como malos debido a su comportamiento, resultado de la obediencia ciega en su entorno. Estos niños llegan el primer día al aula con etiquetas como “desobediente”, “travieso”, “mal estudiante” ... Pero también otras como “sabelotodo”, “inteligente” …
“En el momento en el que nosotros ya tenemos una etiqueta puesta, casi, sin darnos cuenta, acabamos comportándonos de acuerdo con la etiqueta que nos han puesto”. Esto mismo es demostrado en el experimento realizado por el psicólogo americano Robert Rosenthal junto con la directora de un colegio de California, donde diseñaron un experimento que llevaron a las aulas para demostrar el peso que tenía en los alumnos las diferentes etiquetas.
“En el momento en el que nosotros ya tenemos una etiqueta puesta, casi, sin darnos cuenta, acabamos comportándonos de acuerdo con la etiqueta que nos han puesto”. Esto mismo es demostrado en el experimento realizado por el psicólogo americano Robert Rosenthal junto con la directora de un colegio de California, donde diseñaron un experimento que llevaron a las aulas para demostrar el peso que tenía en los alumnos las diferentes etiquetas.
(Más información sobre este experimento a partir del minuto 1:10)
Entonces, ¿qué debemos tener en cuenta las familias, maestros y demás autoridades? Principalmente, hemos de saber dar una información concreta al niño. No podemos decirle que hasta que no se coma todo el plato, no se puede levantar de la mesa, sino que debemos hacer que entienda por qué tiene que comer y qué pasa si no come. Esto mismo ocurre en las aulas y otros espacios donde tenga que regirse por unas normas impuestas por un adulto.
Por último, debemos decir no a las etiquetas. Un alumno no es malo o desobediente por no cumplir una norma que no entiende, o no es más listo o menos listo por la nota que obtenga en un examen. Porque los niños son solo eso, niños.
Ainhoa Vázquez
Ainhoa Vázquez

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